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Autor: admin

No pierdes peso por esto

Los 5 errores más comunes que te impiden perder peso y cómo solucionarlos con una alimentación flexible

¿Estás intentando perder peso y sientes que nada funciona? No estás solo, a día de hoy los mitos y creencias erróneas de hace años siguen pululando por ahí generando confusión. La buena noticia es que te voy a contar los errores que se cometen al intentar perder peso más frecuentes (y cómo solucionarlos). Te adelanto que no necesitas una dieta restrictiva ni eliminar tus comidas favoritas para lograr resultados sostenibles.

Hoy te cuento los 5 errores más frecuentes por los que la gente no pierde peso y cómo corregirlos.

1. Creer que ciertos alimentos están “prohibidos”

¿Cuántos de vosotros habéis empezado a hacer dieta eliminando el pan, el arroz, la patata, los dulces…? Sí, seguramente habréis conseguido buenos resultados al principio, pero luego habéis vuelto a recuperar lo perdido y os sumís en un ciclo de subidas y bajadas de peso. Este tipo de mentalidad de prohibición genera ansiedad y puede llevar a atracones o a una relación tóxica con la comida.

💡 Solución:
La alimentación flexible te permite incluir tus alimentos favoritos con moderación. En lugar de eliminar, aprende a controlar las porciones y a equilibrar tus comidas. Un trozo de chocolate después de la comida o una hamburguesa de vez en cuando no arruina tu progreso si mantienes el equilibrio el resto de días.

La clave está en la moderación y en construir una dieta sostenible. Además, perder peso de forma gradual no solo es más saludable, sino que también asegura que mantendrás tus resultados a largo plazo.

2. Calorías líquidas

Las calorías líquidas son un enemigo silencioso en muchos planes para perder peso. Las bebidas azucaradas como refrescos, zumos, cafés con siropes, el alcohol pueden sumar cientos de calorías a tu día sin que te sientas más saciado. Con el aceite de oliva al cocinar pasa lo mismo, es una fuente de grasas muy recomendable, pero hay que cuidar su cantidad.

💡 Solución:
Prioriza el consumo de agua e infusiones. Si tomas refrescos azucarados de forma habitual, cámbialos por su versión ZERO (que no llevan azúcares, pero sí edulcorantes). Si disfrutas del alcohol, intenta consumir menos de lo que lo haces y márcate unos límites. Pequeños cambios en tus elecciones de bebidas pueden marcar una gran diferencia. Piensa en el zumo de naranja que te haces por las mañanas. ¿Cuántas naranjas usas? ¿Podrías comerte esa cantidad de naranjas igual de fácil que bebiéndote el zumo?

3. No ser consistente los fines de semana

Durante la semana seguimos una dieta saludable, pero llega el finde y nos damos permiso para comer sin límites. Estos excesos comúnmente anulan el déficit calórico conseguido los días anteriores y frenan nuestro progreso.

💡Solución:
En lugar de restringirte entre semana y descontrolarte el fin de semana, busca el equilibrio todos los días. Que puntualmente añadas alimentos «menos saludables» no supone un problema, pero intenta hacer el mayor número posible de comidas nutritivas, porque es tu salud lo que está en juego.

4. No tener en cuenta el descanso y el manejo del estrés

El estrés y la falta de sueño pueden afectar a tus hormonas del hambre, aumentando los niveles de cortisol y haciendo que sientas más apetito (especialmente por alimentos altos en azúcar y grasa).

💡Solución:
Establece una rutina de sueño adecuada y busca formas de manejar el estrés. Algunos ejemplos para mejorar tu descanso son: hacer ejercicio regularmente, exponerte al sol a primera hora e intentar no exponerte a pantallas o luces artificiales antes de dormir, dejar al menos 2 horas entre la hora de la cena y la de irte a dormir…

5. Obsesionarse con la báscula

Muchas personas se frustran cuando no ven cambios en el número de la báscula, sin darse cuenta de que el peso corporal fluctúa por múltiples razones: retención de líquidos, cambios hormonales, o incluso aumento de masa muscular. ¡Piérdele el miedo a la báscula! Haz la prueba, pésate cada día y verás como fluctúa sin razón aparente.

💡Solución:
Evalúa tu progreso con otras métricas, como tus sensaciones al hacer deporte, la calidad del sueño, las medidas con cinta o cómo te queda la ropa. No persigas una cifra de peso, busca ser un poco mejor cada día y mejorar tus hábitos. Si eres una persona que entrena fuerza, a la larga tu cuerpo irá sufriendo una recomposición corporal: ganarás músculo y perderás grasa. Aunque la báscula no cambie (o incluso suba), tú te verás mejor por fuera y estarás mejor por dentro.

Conclusión

La pérdida de peso no debería ser un proceso lleno de restricciones o frustraciones. Con una alimentación flexible y un enfoque equilibrado, puedes disfrutar de lo que te gusta mientras progresas hacia tus metas.

Si buscas más consejos para perder peso, construir hábitos saludables y adoptar una relación positiva con la comida, ¡estate atento a mi blog! Publico contenido práctico y accesible para ayudarte a lograr una vida saludable sin complicaciones.

Si quieres que te ayude a evitar estos errores y aprender a llevar un estilo de vida saludable de por vida, no dudes en contactar conmigo.

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¿Cómo puñetas se lee el etiquetado nutricional?

Vale, imagínate que entras por la puerta del súper bien decidido/a a empezar tu nueva alimentación saludable, como en la foto de abajo (que soy yo pero podrías ser tú).


Te adentras en el pasillo del pan tostado y las galletas en busca de algo que parezca saludable y empiezas a leer cosas como…

Metes alguno de esos productos en la cesta con toda tu buena fe y luego llega tu dietista de confianza (o sea yo) y te dice que hombre, saludables saludables, no son.

Toma, jarrón de agua fría.

“Acabo de empezar y ya la he cagadoooo, me voy a moriiiiir!! ¿Y ahora qué hago con esto??? Se lo doy al perro???” – Piensas.

Respira. No pasa nada.

En cuanto aprendas a leer los etiquetados no tendrás que preocuparte por caer en las trampas de la industria alimentaria. Porque sí, usan trampitas para que compremos lo que venden usando reclamos que… bueno, no deberían poder usar.

Ojo, mi intención no es decirte que no te los puedes comer. Lo que pretendo es darte herramientas para distinguir lo que debe ser la base de tu alimentación y lo que puedes consumir de forma ocasional.

Es decir, quiero evitar que te engañen.

Vale, vamos allá.

En la parte trasera de la mayoría de productos tenemos 2 aspectos a tener en cuenta:

Ingredientes

Los ingredientes están ordenados de MÁS a MENOS cantidad. Es decir, si en algo que aparenta ser saludable el primer ingrediente es azúcar, por ejemplo, hay que sospechar. Es lo primero que recomiendo leer, porque ya da pistas y permite descartar alimentos poco recomendables en un vistazo.

Tabla nutricional

Aquí se desgrana el contenido en calorías y macronutrientes (grasas, hidratos de carbono y proteínas), lo más común es que te indiquen por cada 100 gramos de producto, pero algunos también te lo incluyen por porción.

  • Calorías (kcal): es la energía total que nos aporta un alimento y proviene de la suma de la energía que nos aportan las proteínas, los carbohidratos y las grasas.
  • Grasas: los etiquetados suelen indicar las grasas totales y las saturadas y en algunos casos tienen la amabilidad de incluir las monoinsaturadas y las poliinsaturadas.
  • Proteína
  • Carbohidratos: aquí encontraremos los carbohidratos totales y el contenido en azúcares. Ojo, hay que saber diferenciar si un alimento tiene azúcares naturalmente presentes o si son azúcares que se han añadido a la preparación. ¿Como lo sabremos? Pues mirando los ingredientes. Si en los primeros ingredientes aparece azúcar: blanco y en botella.
  • Fibra: en España el contenido de fibra se separa del de carbohidratos y se indica de forma específica.

Vamos a ver un ejemplo clásico, la pechuga de pavo que todo el mundo usa cuando «está a dieta». Quizás pienses que no es tan problemático y, en mi opinión, de forma aislada no lo es. El problema es que comemos varias veces al día. Si en todas las comidas metemos productos con tropecientos ingredientes el efecto se va sumando. De ahí la importancia de que los alimentos base de nuestra dieta habitual sean poco procesados, así si ocasionalmente tomamos algo más procesado su efecto negativo se diluye.

Volviendo a la pechuga de pavo:

¿Qué vemos aquí? Pues que un mismo producto lo podemos encontrar de forma más o menos procesada. Si compro pechuga de pavo, yo quiero comer carne, no harinas ni un puré de carne con agua y otras cosas.

Por eso, lo ideal es intentar optar por opciones con % de carne más altos (del 90 para arriba). Aún así son productos con bastante sal y hay que consumirlos con moderación.

Entonces, por ir acabando, la moraleja es:

  1. No te fíes de los reclamos en los envases, echa un ojo a los ingredientes en primer lugar y luego a la información nutricional.
  2. Ten como premisa que una alimentación saludable debe ser poco procesada, piensa como ejemplo en la alimentación de las abuelas, basada en guisos, pescados, carnes, legumbres, verduras, aceite de oliva… Si muchos de los productos que tomas habitualmente tienen una lista interminable de ingredientes, deberías cambiar algunos de ellos por opciones con menos ingredientes o directamente eliminarlos. Un pan, por ejemplo, ¿qué debería llevar? Harina blanca o integral, agua, sal y levadura o masa madre, punto. No hay que ser radical, si te cuesta mucho, hazlo progresivamente.

Y esto es todo por hoy, nos vemos próximamente con un post sobre los errores que cometes que te impiden perder peso.

Si necesitas ayuda para mejorar tu alimentación y salud, anímate a contactar conmigo.

Los grandes mitos de la nutrición

La nutrición es un tema en tendencia, pero por desgracia está lleno de mitos y malentendidos. Con la cantidad de información disponible en Internet, redes sociales y los comentarios de influencers/gurús, es fácil sentirse abrumado y confundido sobre qué es realmente saludable. Y, aunque algunos de ellos se respaldan en la ciencia para afirmar sus creencias, para entender un artículo científico hay que tener espíritu crítico y saber de ciencia, no leer solo las conclusiones.

En este artículo, nos proponemos desmitificar algunas creencias populares sobre la nutrición. Abordaremos desde las falsas promesas de las dietas «milagrosas» hasta los mitos sobre el consumo de ciertos alimentos.

¡Es hora de descubrir la verdad detrás de la comida que ponemos en nuestros platos!

9 grandes mitos de la nutrición

Me repito más que el ajo, pero los elementos claves, los cimientos para vivir con salud son 4: dieta saludable, ejercicio y actividad física, salud mental y descanso. En resumen, es importante basar las decisiones alimentarias en información científica y no en mitos populares; consultar a un nutricionista o dietista registrado es una buena manera de obtener consejos personalizados y basados en evidencia.

¡Yo estaré encantada de ayudarte!